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ukemi en las relaciones interpersonales

(Original: Victor La Cerva )
(Traducción al castellano: Gustavo Romano)

Aikikai - Santa Fe - U.S.A.
primavera de 1994

Hay por lo menos cuatro principios que son críticos para el crecimiento y comprensión en cuanto al Aikido y las relaciones interpersonales.
El primero y más importante es el COMPROMISO. El compromiso en Aikido se expresa en nuestro deseo intenso de aprender y de alcanzar elementos esenciales de este arte. Se manifiesta en nuestro ir a practicar sin importar “cómo nos sentimos". Ha habido muchas veces en que no tuve deseos de practicar debido a una variedad de consideraciones: demasiado cansancio, un día áspero en el trabajo, muchas otras cosas por hacer.
La fuerza de mi compromiso con el arte me permitió estar conciente de estos obstáculos, y después, ir de todos modos. Casi siempre soy el mejor en esto.
A través de Aikido he aprendido que la disciplina no es un sistema de deberes u obligaciones impuestos desde el exterior. Más bien es un compromiso consistente en hacer lo que sé que es bueno para mí.
Tal realización es un componente importante en el desarrollo de la fuerza interna, a la cuál uno puede aspirar en épocas de dificultad.
“En medio del inviero
me encuentro a mi mismo, por fin
invencible verano”. (Zoen: Maestro Zen)
El compromiso en Aikido es también importante en nuestro papel como uke. Sin un compromiso completo con el ataque, estamos limitando a nuestro nage y a nosotros mismos. Para que las técnicas de Aikido sean manifestadas en su capacidad máxima, uke debe hacer una entrega sincera. Paradójicamente, retrocediendo al atacar, nos colocamos en una posición más peligrosa, porque nage debe entonces proveer más energía para lograr la técnica. Si no se hace un buen contacto con un ataque confiado, entonces el peligro de ser golpeado es mayor, especialmente al practicar con armas. Uke debe atravesar este compromiso inicial manteniendo el contacto, moviéndose entre el desequilibrio para recuperar el balance.
Es fácil ver el paralelo con las relaciones interpersonales. Debemos ser confiados al tratar a nuestros amigos íntimos y a nuestros niños, así como a extraños, con respeto y compasión. Esto debe ser un deseo intenso de mantenernos concientes mientras nos movemos en nuestras diarias interacciones.
Esto es manifestado por una buena voluntad de abrirse, e intentar primero entender al otro ser humano.
“Profundamente dentro nuestro, debemos tener mutuo afecto real, una realización clara de nuestro estado humano compartido.
Ees útil tener una variedad de acercamientos diferentes en base a un sentimiento profundo de la igualdad básica de humanidad.
Podemos hacer un esfuerzo conjunto para resolver los problemas de humanidad”. (Dalai Lama)
Sin importar cómo nos estamos sintiendo en un momento dado, cansados o hambrientos o disgustados, debe haber una fuerte resolución a estar atentos, y continuar actuando de acuerdo a esos principios que valoramos en nuestras relaciones.
Similar a un ataque en Aikido, en tales momentos debemos convocar todas nuestras energías y estar presentes a qué está sucediendo, para dar nuestro mejor esfuerzo y ocuparse de la situación.
Sólo con una buena voluntad de tratar con los conflictos que inevitablemente se presentan en nuestras relaciones, podemos esperar movernos a través de ellas.
Muchos de nosotros fuimos entrenados con el modelo de comportamiento de nuestros padres, en el que el conflicto es incorrecto y debe ser evitado a toda costa, o que la única manera de resolverlo es enfrentarlo de forma agresiva. Aprendimos a tratar con los conflictos, a través de personas, ¡quienes ellas mismas estaban confundidas!. De manera que es crítico que el compromiso esté allí para trabajar a través del problema, más que para negarlo o evitarlo. Cuando evitamos un conflicto en las relaciones, éstas se llenan por completo de conflictos, porque la comprensión básica de nuestras diferencias sigue sin resolver.
El segundo principio es el de DEJAR PASAR. Éste ha sido uno de los elementos más difíciles para mí en mi estudio de Aikido. Nunca fui muy bueno en los deportes cuando era niño, y tuve que dejar pasar progresivamente a mis miedos de ser lastimado en la práctica.
Cuanto más pueda dejar pasar mis miedos, más “líquido” es mi ukemi.
Cuanto más pueda dejar pasar mis miedos, más fácil es abarcar completamente el contacto con nage.
Cuanto más pueda dejar pasar mis miedos, mayor será mi capacidad de responder en el momento en que está sucediendo.
No se trata de cubrir el miedo con una actitud positiva y fingir que no existe. Se trata de reconocerlo, entonces, decidiendo conscientemente, dejarlo ir, centrándose en un ataque confiado.
Existe algo más que dejar pasar en la práctica. En mi caso, está la necesidad de dejar pasar la perfección, y el prejuicio, y de intentar de forma demasiado dura, entender o conseguir una técnica.
Practicar una técnica y dejarla una vez, y otra vez, y otra vez, y no mantenerme en pensamientos como: "estoy atascado aquí" o "esto es desprolijo", o "esto está tomando demasiado tiempo, debo conseguirlo ahora". Darme cuenta y después descargar una cascada de pensamientos generados continuamente por la crítica interior.
Elegir en ese momento una conversación que me autorice a dejar de intentar tan duramente, y hacer simplemente más abierta y receptiva la enseñanza.
Existe también la necesidad de dejar pasar la competencia. Compito solamente conmigo. Tiempo atrás descubrí que no me gustaba la competencia. Si daba una respuesta correcta en la escuela, me sentía mal por los que no lo hacían. Si respondía mal, me sentía mal también. Entonces, por qué competir con otros?. El desafío es estar enfocado en mis capacidades y mejorarlas. Comparándome con otros que son más atléticos, o que aprenden las técnicas más rápidamente, no avanzo en mi propio crecimiento.
Los paralelos con las relaciones, otra vez son obvios.
Hay muchas oportunidades para dejar pasar en las relaciones. Dejar que se desvanezcan los miedos a ser lastimado, rechazado, dejado de lado o avergonzado, es esencial para crear una relación armoniosa y cariñosa.
Creo que elegimos a nuestros amigos íntimos de modo de poder ayudarnos mutuamente a dejar pasar el daño y el dolor que experimentamos en nuestras familias.
Todos nosotros recibimos virtudes y heridas de nuestros padres, y nuestra tarea como adultos maduros es celebrar los regalos y hacer lo que es necesario para curar las heridas.
Abrir concientemente nuestros corazones, es la manera para dejar los miedos en nuestras relaciones, así como comprometiéndonos totalmente conscientes con el ataque, dejamos ir el miedo en el tatami. Cuanto más podemos dejar ir resentimientos pasados, cólera y miedo dentro de ellos, más fácil es tratar efectivamente con lo que está sucediendo en el momento.
"El temor distorsiona siempre nuestra percepción, y nos confunde en cuanto a qué está ocurriendo.
El amor es la ausencia total de miedo.
El amor no hace preguntas. Su estado natural es de extensión y expansión,
no de comparación y cálculo." (Jampolsky)
La esencia de dejar pasar en las relaciones, como en Aikido, es la aceptación. Para reconocer y aceptar todas nuestras emociones. Los hombres en nuestra cultura, a menudo se estancan en medio de sus vidas emocionales. Nos entrenan desde edad temprana para ser fuertes, resistentes e independientes, y nos enseñan que la única emoción permisible es el enojo. El miedo y la pena no son parte del repertorio.
El problema es que cuando no permitimos que salga nuestra pena, nuestra cólera creará lágrimas en algún otro. Cuando no aceptamos nuestros miedos, entonces nuestra cólera causará que algún otro esté asustado.
En nuestra cultura a menudo, se le niega a la mujer el acceso a su cólera, mientras que le está permitido expresar pena y miedo. Todos perdemos cuando no aceptamos libremente el rico flujo de nuestro ser emocional.
Especialmente en las relaciones íntimas, la tarea es sentir cualquier cosa que estamos sintiendo, y después, dejarla ir. Dejarla fluir y dejarla ir. Mientras más nos oponemos a una sensación, más persiste. Todas las sensaciones son aceptables. Todos los comportamientos no lo son.
La cólera no es buena o mala, simplemente es.
Nos esforzamos en utilizar esta energía productivamente, sólo con dejar pasar, ampliando nuestro centro, y aceptando lo que es, utilizamos nuestra energía sabiamente en el tatami.
La no resistencia en nuestras vidas emocionales es el paralelo para mí, a la no resistencia como uke.
El desarrollo de uno realza lo otro. Recuerdo muy bien volver de un retiro de fin de semana de reír profundamente y de tocar mis miedos, y encontrar que mi ukemi era tan diferente, mucho más líquido y vivo.
Frecuentemente nuestros prejuicios y competitividad en nuestras relaciones, sirven como barreras a la intimidad. Estamos tan concentrados en quiénes son nuestros amigos y quiénes no, que podemos fallar al apreciar quiénes lo son. Por supuesto a quién tendemos a juzgar más duramente, es a nosotros mismos y a quién más podemos aceptar quiénes somos, los aspectos de luz y sombra, la mayor muestra de capacidad de aceptar a los otros.
Dejar ir a nuestros miedos, al hecho de juzgarme a mí mismo y a otros, y la competitividad, es muy liberador.
Dejar pasar ambos en el tatami puede ser regocijante, un sentido maravilloso del movimiento y del espacio, y alegría del ser.
ESTAR AQUÍ Y AHORA.. Este tercer principio es más fácil decirlo que hacerlo. Nuestra mente de simio desea traer al presente información del pasado, y nos conduce a futuras aspiraciones. A menudo se hunde en tramas de memorias y anticipa la construcción del momento presente.
En el tatami, estar presente significa la exudación de conocimiento. Especialmente cuando el dojo está muy lleno, éste es un aspecto esencial del entrenamiento.
Estar presente y enterado de todo lo que está sucediendo alrededor nuestro. Ojos de diez direcciones, cuando encontramos un compañero no concentrado ni siquiera en lo que sus manos golpean o en sus pies. Estar enterado del ahora permite que notemos cuando estamos fuera de nuestro centro. Si nuestra postura es fuerte y estable, nuestro tanden expandido, o no.
Es a través de este “estar presente” cuando nuestro maestro toma el ukemi, que internalizamos lo que se siente como para hacer una técnica correctamente.
El estar presente permite que corrijamos inmediatamente aquello que necesita ser cambiado.
Esta atención puesta en el “ahora” es lo más difícil para mí en zanshin. Con demasiada frecuencia, ya estoy en la técnica siguiente, antes de permitir finalizar completamente la última.
Esta forma de práctica, me robó más de una oportunidad de observar en ese momento mi equilibrio, mi postura, y la relación en curso con el uke. La vida se vive en el momento presente, donde la esencia de la práctica es descubierta.
"No teniendo ningún destino, nunca me pierdo" (Ikkyu)
Lo que aprendemos en Aikido se basa en la observación. Miramos a nuestro maestro demostrar una técnica, o corregir determinado movimiento, o acentuar el trabajo de las manos o taisabaki inicial. Observamos cómo se siente estar conectado mientras que tomamos ukemi.
La calidad del estar presente también realza nuestra relación con el dojo. Estamos más enterados de las necesidades de ser limpiado más a fondo, de renovar la cartelera de anuncios, del nuevo practicante que necesita cierta ayuda con la etiqueta en el dojo. El observador dentro de nosotros observa lo mejor posible cuándo estamos completamente presentes en lo que sucede ahora.
Con el tiempo, nos movemos desde ser inconscientemente incompetentes en nuestras técnicas, a ser conscientemente competentes, a través de una retroalimentación con nuestro Sensei. Gracias a una atención diligente puesta en el ahora, comenzamos a desarrollar las propias correcciones. Cuando más profundamente internalizamos nuestro entrenamiento, nos movemos más cerca a ser inconscientemente competentes. Nuestro ukemi es más natural, nuestras técnicas más adaptadas al flujo del momento. Aprendemos a valorar lo inesperado como un importante maestro, guía valiosa hacia la realidad del momento.
"He sabido siempre que al final tomaría este camino.
Pero ayer, no sabía que estaría hoy." (Narihara)
En nuestras relaciones, nos esforzamos por mantener una actitud donde todo esté funcionando a la perfección, en ese preciso instante… y donde siempre hay sitio para mejorar. Podemos estar enterados del momento en que estamos desequilibrados, o enfocados también en un "problema particular", sin ver quizás el cuadro más grande. Podemos aprender de nuestra práctica en el tatami la necesidad de observar cuidadosamente qué está sucediendo.
Observar qué es importante para nuestro compañero. Prestar atención a lo que está expresando.
Estar allí y escuchar activamente lo que comparte con nosotros.
Muchas veces cuando alguien está hablando, estamos vagando por otras partes de nuestras mentes, o estamos elaborando lo que diremos en respuesta.
Intentando primero entender y realmente conseguir la comunicación ofrecida, podremos responder de manera más eficaz.
Estando presente y observando, también nos permite notar qué es necesario realizar.
Podemos entrenarnos para ser más sensibles, profundizando nuestras conexiones con nuestros compañeros.
El cuarto principio implica HONRAR LO SAGRADO.
Tenemos un acuerdo de cuidarnos mucho y respetamos cuando practicamos. Expresamos nuestra gratitud hacia las enseñanzas, y hacia los instructores y maestros, quienes nos transmiten encendidamente una tradición rica y expansiva que nutre aspectos mentales, físicos, emocionales y espirituales de nuestro ser. Tomamos las enseñanzas, las críticas y las dificultades puestas en nuestro camino como regalos.
Este sentido de lo sagrado, se evidencia no sólo en la forma de inclinarse y de agradecer mutuamente, sino además en la manera en la que manejamos las armas, barremos el tatami, o lavamos y planchamos nuestro “aikido-gi”.
Aikido nos recuerda lo sagrado en lo mundano, lo ordinario, el lugar común, el ikkyo de nuestro día.
Nos conecta con el mayor misterio, la energía de toda la existencia que compartimos el uno con el otro.
También aprendemos gradualmente a apreciar el espacio sagrado dentro del cuál vamos a aprender.
El concepto del espacio sagrado es universal. Los espacios sagrados están por todas partes, y no se limitan a los que sean bien conocidos, por ejemplo las montañas o los altares especiales o los sitios antiguos de ceremonias. Desarrollar El espacio sagrado es un proceso íntimo y creativo.
La preparación del yo y del espacio, modifica nuestra conciencia.
Una vez que entramos al dojo, se cruza un umbral que permite el acceso a las partes más profundas de nuestro ser. Entonces se convierte en un lugar curativo, de purificación y renovación espiritual que creamos. Llega a estar vivo con sus propias cualidades especiales cuando lo utilizamos para la práctica.
"Considero que la vida del dojo es una existencia impráctica concerniente a nuestro normal sentido de ganar-perder, y como tal, es de vital importancia para ello… cuando luchamos para sobrevivir en esta sociedad competitiva y materialista, necesita ser un espacio en alguna parte, que exista para algo más allá de nuestro sentido práctico". (K. De T Chiba, Sansho enero 86)
Tales lecciones tienen valor en las relaciones en las que olvidamos a menudo lo sagrado y la belleza increíble de aquellos con quienes interactuamos. No notamos la riqueza de quiénes son, y del espacio sagrado que habita en ellos, con sus dones y talentos únicos.
El tiempo y la energía que damos el uno al otro para crear un mundo más pacífico y hermoso existe no sólo en el dojo, sino en todas nuestras relaciones. Apreciando lo sagrado en el Aikido, estoy aprendiendo lentamente ver cada interacción como expresión de descubrimiento espiritual.
Cuando comienzo a sentir la franqueza del espacio en cada situación, puedo confiar y permitir que mi corazón conduzca mi mente en mis interacciones diarias con la gente.
Mientras he explorado estos cuatro principios con el entrenamiento de Aikido, he enriquecido la calidad de mis relaciones personales.
Los cuatro conceptos obran recíprocamente y se apoyan mutuamente.
El compromiso es reforzado por el dejar pasar.
El permanecer en el presente permite mayor compromiso y un conocimiento para no ofrecer ninguna resistencia.
Todo ocurre dentro del contexto de lo sagrado.
Namaste es un término hindú de saludo. Traducido: "Honro el lugar que descansa en usted, cuando usted está en ese lugar dentro suyo, y yo estoy en ese lugar dentro mío. Allí, es solamente uno para nosotros."
La manera de armonizar el mundo es por medio del compromiso de amarse unos a otros, y moverse a través de los conflictos juntos. Dejando ir nuestros miedos y prejuicios, y bloqueos emocionales, y aceptando nuestras diferencias.
Tratándonos a nosotros mismos y a los demás con amabilidad, permaneciendo despiertos y alertas en el momento presente, y tratar cada momento y encuentro interpersonal como el acto sagrado que es.
"Aiki no es un arte para luchar o para derrotar a un enemigo.
Es un camino por el cual se armoniza toda la gente en una familia.
La esencia de Aikido es ponerse en consonancia con el funcionamiento del universo, para convertirse en uno con el universo.
Aquellos que han tomado el significado interno de Aikido, poseen el universo dentro de sí mismos."

(0 Sensei citado en abundante paz por John Stevens)



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